La mayor parte de mi vida transcurre en el siglo XVIII, cuando se difunde y desarrolla una nueva forma de pensar que dará lugar a un gran acontecimiento: la Revolución francesa. Esta marcará una nueva etapa en la historia de la Humanidad.
A lo largo de este tiempo, observé que las personas de mi alrededor pensaban de una manera diferente basada en que la razón y el progreso daba al ser humano la felicidad; esto dio lugar a una separación entre el pensamiento laico y el religioso (secularización). Sobre todo, esta separación afectó al arte, en el que intentaba buscar la utilidad: las obras debían tener siempre una orientación práctica.
Las personas que nos difundían este mensaje eran los ilustrados a través de libros (mejora en educación) y crearon la Enciclopedia, donde se recopilaban y se difundían sus pensamientos ilustrados. En aquel tiempo oí hablar de algunos grandes pensadores franceses que aportaron mucho a la Ilustración como: Montesquieu, Voltaire y Rosseau.
También nos creímos libres e iguales, y este pensamiento logró hacer transformaciones políticas, religiosas y sociales. Una de ellas fue el Despotismo Ilustrado, cuya esencia se resume en una frase "Todo para el pueblo pero sin el pueblo". Nuestro rey Carlos III fue uno de los que aplicó esta frase en su gobierno en España.
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